Diafragma, suelo pélvico y quiropráctica.

La manera en que respiras influye directamente en la salud de los músculos de tu suelo pélvico y en tu bienestar general.

La respiración es una actividad corporal esencial para nuestra existencia pero a lo que no prestamos la más mínima atención hasta que aparece un problema respiratorio o cuando nos quedamos sin aliento. Lo mismo sucede con el suelo pélvico, ese gran ignorado en nuestras vidas hasta que comenzamos a padecer incontinencia urinaria, nos diagnostican un prolapso o, el orgasmo, después de haber dado a luz, ha descendido muchos grados en nuestra escala de Richter.

Por otra parte, no debemos olvidar que cualquier musculo del cuerpo trabaja en coordinación con otros que se encuentran adyacentes a él y su estado, su tensión o su debilidad, afecta también a esos otros músculos con los que esta conectado. En muchas ocasiones hemos hablado ya de como el suelo pélvico trabaja en coordinación con el resto de los músculos del CORE y de la importancia de un entrenamiento conjunto, no aislado, para conseguir un suelo pélvico saludable.

El diafragma, ese musculo en forma de paracaídas situado por debajo de los pulmones, es parte integrante del Core y, en cierto sentido, el antagonista del suelo pélvico: uno situado arriba y otro debajo de esa faja con forma de cilindro que rodea la parte central de nuestro cuerpo. Cuando uno se contrae el otro se distiende y al contrario.

 

En la respiración normal optima, además del diafragma, intervienen los demás músculos del core, es decir, el abdominal transverso y el suelo pélvico, garantizando la estabilidad y manteniendo la presión interna que se produce en nuestro tronco con el movimiento del diafragma. En la respiración diafragmática, cuando inhalamos aire, el diafragma se contrae hacia abajo, expende las costillas inferiores y el abdomen, provocando un vacÍo en el pecho que hace que el aire entre en los pulmones. Al mismo tiempo, empuja todo el contenido de la cavidad abdominal contra el suelo pélvico, haciendo que este se estire con la tensión suficiente para soportar la presión que aquel le esta transfiriendo.

Cuando hay limitación del movimiento del diafragma, también la hay en los músculos del suelo pélvico,  con los que se mueve de manera sincronizada. Estos últimos convertirse en músculos inefectivos y, a la larga, acaban debilitados y desarrollan una tensión elevada que se asocia frecuentemente con la falta de control sobre la vejiga o el intestino, dolor pélvico o dolor en las relaciones sexuales. Así mismo, el aumento de trabajo de pectorales, trapecios y escalenos para elevar el pecho en la respiración subóptima puede llegar a ser el origen de dolores lumbares, de cuello, de espalda, hiperlordosis y dolor de caderas.

Tras el embarazo, el diafragma de la mujer se reprograma automáticamente y vuelve a reproducir la respiración optima que la presencia del feto en su útero le ha impedido durante los últimos meses de embarazo. Sin embrago, cuando existe dolor por una episiotomía o una cesárea, los músculos del suelo pélvico o los del abdomen no consiguen contraerse, relajarse y estirarse al mismo tiempo que se mueve el diafragma con cada inhalación y exhalación, lo que dificulta la vuelta a una respiración optima y, en consecuencia, se produce un retraso o incluso la imposibilidad del ajuste y sincronización del trabajo correcto de los músculos del core.

Hace unos años, Spinal Research hizo una investigación muy concluyente en la eficacia de los ajustes quiroprácticos sobre la función del suelo pélvico. Dr. Heidi Haavick y sus co-investigadores, Dr. Jenny Kruger y profesor Bernadette Murphy investigaron como los ajustes espinales afectaban la función de los músculos del suelo pélvico. (Pelvic floor functional changes with spinal manipulation in pregnant and non- pregnant women: a pilot study. JMPT 2016). La conclusión demostró que en el grupo de las embarazadas, ellas tenían más capacidad de relajación de los músculos del suelo pélvico y así aumentar la probabilidad de un parto vaginal y, en el grupo de las no- embarazadas ellas podían contraer más estos músculos (complejo muscular de Levator Ani). Este complejo muscular juega un papel importante durante el embarazo, el parto y también como estabilizador espinal. Cuando esta debilitado y estresado los síntomas habituales son la incontinencia o prolapso vaginal. Y sabemos que estos problemas tienen un gran coste emocional, físico y social para las mujeres de todo el mundo.

En conclusión los ajuste quiroprácticos y la respiración diafragmática ayudan y aceleran la recuperación postparto, favorecen la expulsión efectiva de las heces y la orina, aumenta los niveles de oxigeno en la sangre, disminuye el estrés y la ansiedad.

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