Cómo cargar bien las pilas durante las vacaciones

El verano es sinónimo de luz, sol, calor, descanso, familia, amigos, fiestas, viajes, etc., en fin un momento para hacer un “reset” tanto físico como emocional de un año laboral lleno de estrés y preocupaciones. Para ello, disfruta cada segundo, viaja despacio, aparta la monotonía y olvídate de qué pasará cuando regreses. Adopta una actitud mindfulness. Más que un deseo o un capricho, las vacaciones son una necesidad. Cuando las preocupaciones disminuyen,  llega el descanso y es cuando empiezas a recargar las pilas.

Algunos  consejos para aprovecharlas de verdad son:

* Descansar bien, bajar el ritmo y practicar el buen hábito de la siesta.

* Moverse a menudo, caminatas, natación, juegos en la playa o en el campo.

* Comer más frutas & verduras ecológicas de temporada y, a poder ser, de cercanía.

* Leer libros de tú interés o que te diviertan.

* Desengánchate lo más que puedas del teléfono móvil, tablet u ordenador.

* Tomar el sol fuera de las horas del zenit sin abusar de la  protección solar para poder sintetizar vitamina D.

* Disfrutar de buena compañía y del amor de tus seres queridos.

* Promocionar  su creatividad mediante la pintura, música, manualidades, etc.

Y si vas a estar cerca de la playa, aprovecha del potencial sanador del mar.  La brisa marina está cargada de iones negativos que aceleran la capacidad de nuestro organismo de habilidad para absorber oxígeno. Si oxigenas tu cuerpo, todas las funciones celulares mejoran su rendimiento. Además los iones negativos también equilibran los niveles de serotonina, el neurotransmisor responsable del buen humor que te ayuda a manejar el estrés.

Además, esa misma brisa marina contiene gotas microscópicas de agua salada enriquecidas con yodo, magnesio y otros minerales que  tu rostro y tu cuerpo los respiran.  Lo más saludable es pasear a primera o última hora para evitar la agresión del sol.

También puedes entrar en el mar y practicar la resistencia a las olas pues es un ejercicio perfecto para tonificar piernas y vientre. Sólo tienes que entrar en el mar caminando desde la orilla, recibir las embestidas de las olas y hacer todo lo posible para mantener el equilibrio. Es importante plantar bien los pies en el fondo y utilizar los brazos para compensar los choques del agua. Y respirar al ritmo de las olas mientras eres consciente de toda la musculatura implicada en el esfuerzo y la diriges de forma sensata. Además de mejorar tu tono y tu capacidad de concentración, saldrás del agua con una piel más tersa y flexible.

En la montaña, aprovecha para acercarte a la naturaleza, los árboles desprenden biocatalizadores que hacen que el oxigeno sea de mejor absorción para nuestro cuerpo. Camina sin prisa, observa la naturaleza y disfruta de la tranquilidad del entorno. Puedes practicar un “baño de bosque”: deja que la intuición guíe tus pasos,  escucha, olfatea, toca, agradece, respeta. Se trata de reconectar con la naturaleza y sobretodo conectar con tu yo interior.

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