Los hogares de tu sistema inmune

Principalmente, nuestro sistema inmune se sitúa en nuestro intestino.

El intestino delgado mide aproximadamente 7 metros de longitud y tiene un diámetro 1,5 cm. Su trabajo consiste en absorber la mayoría de los nutrientes que ingerimos.

Las células de un intestino delgado sano deben estar muy unidas, y los nutrientes ingresan en el torrente sanguíneo a través de los canales entre estas células. Hablamos de permeabilidad intestinal cuando estas células de la pared intestinal aflojan sus uniones permitiendo el paso descontrolado de cualquier sustancia sea sana o toxica. Ello provoca inflamación y problemas autoinmunes.

¡Nuestro sistema inmune tiene diferentes hogares!

Más de la mitad se encuentra en los parches de Peyer situados en el intestino delgado, que a su vez están relacionados con el sistema linfático, otro sistema que alberga al sistema inmune.

El sistema inmune también tiene casa en nuestra piel, los vasos y nódulos linfáticos. También en las mucosas de los siguientes órganos: pulmones, nariz, garganta, amígdalas, timo, bazo, apéndice, colon y, de las membranas de la vejiga, genitales y médula ósea.

Nuestra piel es la primera barrera periférica que detiene a los agentes patógenos (bacterias, virus y otros microorganismos). La mayoría de los patógenos entran a través de la comida, pero son neutralizados gracias al ácido clorhídrico del estómago. Otros son neutralizados por las barreras del sistema respiratorio.

El punto positivo de la inflamación es que es la luz roja de aviso de nuestro sistema inmune de que algo no anda bien. Los 4 signos cardinales de la inflamación son:

  1. Dolor
  2. Rojez
  3. Calor
  4. Edema

¡La inflamación no significa siempre infección! Pero si hay infección tendrás siempre inflamación.

¿Cómo puedes potenciar tu sistema inmune?

  • Vitaminas A, E y D (luz del sol): son excelentes antioxidantes que construyen la integridad de las mucosas de los pulmones y del intestino. Además, modulan la respuesta inmune, especialmente la respuesta inmune innata y adaptiva.
  • Vitamina B6, prebióticos (fibras de los vegetales), probióticos (alimentos lacto fermentados), L-glucosamina, cocteles de oligoelementos.
  • Ejercicio: al sistema linfático y cardiovascular les encanta el ejercicio. El ejercicio permite eliminar las toxinas. Caminar, nadar, ir en bicicleta, running, etc., en combinación con ejercicios de tonificación y estiramientos.
  • ¡Dejar de fumar! Las partículas contenidas en el tabaco destruyen los cilios sensitivos de la nariz y garganta que son una primera barrera inmunitaria.
  • ¡Descansar y dormir suficiente!
  • Evitar el estrés crónico que bloquea el peristaltismo y por consecuencia ralentiza la buena absorción de los nutrientes en el intestino delgado.

En fin, adoptar una higiene de vida sana con pequeños rituales de recuperación, aprender a escuchar su cuerpo con las señales que nos da (dolor, tos, estreñimiento etc..) para poder curarse. Y sin olvidar la importancia del sistema nervioso cual director de orquestra de los otros sistemas gracias a la transmisión y recepción de impulsos eléctricos. ¡Este delicado sistema nervioso central está protegido por la columna vertebral y el cráneo! Como un afinador de piano, el quiropráctico revisa y ajusta nuestra columna vertebral y nuestro cráneo para que se difunda el sonido más bonito de nuestra melodía.