Dolor de espalda – ¿Por qué?

Fuente: Cabinet Chiropractique Paris Ouest

La pregunta más común que hacen los pacientes es a qué se debe su dolor. Es natural querer identificar el origen, comprender la situación y prevenir la recurrencia.

Si excluimos de este artículo todas las patologías óseas degenerativas o estructurales entonces, para analizar el origen, deberíamos plantearnos las siguientes preguntas:

  • ¿Una postura perjudicial?
  • ¿Un esfuerzo prolongado?
  • ¿Una posición inadecuada para dormir?
  • ¿Falta de actividad deportiva?
  • ¿Una caída o un micro-trauma?
  • ¿Estrés emocional?

Funcionamiento del cuerpo humano.

Volvamos por un momento a uno de los actores esenciales en el funcionamiento del cuerpo humano. Una mejor comprensión del sistema nervioso arrojará luz sobre el origen de nuestro dolor de espalda, lumbar o cervical.

El sistema nervioso se mantiene permanentemente activo y cada segundo recibe billones de inputs de información a los cuales reacciona, permitiendo así una organización óptima de todas las células.

Para ilustrar su papel y modos de reacción en el mecanismo del dolor, usemos un ejemplo simple. Si al llevarme una patata a la boca me doy cuenta de que está demasiado caliente, tengo dos reacciones disponibles; escupo instantáneamente la comida para no quemarme la lengua o, como el marco social prohíbe tal respuesta, sostendré la patata entre los dientes mientras inhalo y soplo por la boca para enfriarla antes de masticarla.

Este ejemplo destaca dos reacciones que pueden asimilarse al reflejo ancestral del sistema nervioso simpático ante el peligro: lucha o huida.

Ante la aparición del dolor, es posible detener los estímulos que lo desencadenan (se escupe la patata) o el cuerpo se adapta y crea así un nuevo circuito neurológico de evitación del dolor.

Un segundo ejemplo igualmente claro: estar mucho tiempo sentado me causa dolor de espalda. Hay dos opciones posibles: no sentarme o, si lo hago, instintivamente buscaré una posición encorvada o cruzaré las piernas para sentir menos molestias. Con la segunda opción se crear un nuevo patrón neurológico de evitación del dolor.

La mejor solución es obviamente detener los estímulos dolorosos para que el cuerpo mantenga su equilibrio. Sin embargo, muchos factores externos, trabajo, sociedad, educación, o incluso internos, autoestima, falta de elección, etc. nos impiden detener los estímulos dolorosos que obligan al cuerpo a descubrir nuevos patrones de funcionamiento.

Las consecuencias de una adaptación o compensación son múltiples.

Tomemos el ejemplo de la patata caliente. Imagina que cada vez que comemos demasiado caliente inmovilizamos la comida entre los dientes, esperando que se enfríe. Esta adaptación al contexto tendrá un impacto directo en los dientes, en la posición de la mandíbula, sobre la tensión de los músculos masticatorios, sobre los cervicales …

Cuanto más repitamos esta compensación-adaptación, más anclado en el esquema neurológico, hasta un punto de saturación. La boca sentirá la presencia permanente de una patata caliente, incluso en su ausencia. Por lo general, es en este momento de saturación cuando el dolor experimentado ocasionalmente se vuelve crónico.

Este ejemplo parece ridículo a primera vista. ¿Por qué tener una patata caliente en la boca? Si no puede escupirlo, la otra opción sería dejar de comerlo caliente. Así mismo se recomienda no permanecer 8 horas diarias en posición sentada, no practicar un deporte traumático para las articulaciones, no adoptar posturas inadecuadas, no cruzar las piernas, no dormir boca abajo…Lamentablemente estamos poco educados para adaptar nuestra vida diaria a vivir mejor con nuestro cuerpo. La buena noticia es que con un poco de entrenamiento nuestra fisiología adoptará reflejos saludables.

Para completar el ejemplo de la postura en la oficina: la posición sentada ejerce un 140% más de presión en la región lumbar que de pie y, hasta un 190% si se encorva.

La posición sentada no es natural, genera compensaciones en la región lumbar, en las articulaciones vertebrales, músculos y ligamentos.

Al permanecer sentado durante varias horas durante el día, nuestra columna adoptará ciertos hábitos para aliviar los músculos y se encorvará.

Este patrón compensatorio generará un desequilibrio muscular y articular. El desequilibrio se inscribe entonces en la memoria postural, hasta el punto de imponernos espontáneamente al sentarnos una postura encorvada. Esta sujeción inapropiada y prolongada de nuestro cuerpo vertebral provocará genes o dolor crónico.

¡Y sin embargo no paramos de sentarnos!

La única solución será tratar la zona de disfunción reequilibrando la tensión muscular y restaurando.

Del mismo modo, se recomendará aprender una postura adecuada para sentarse.

En primer lugar, es fundamental levantarse cada 30 minutos para tonificar los músculos y estirar las articulaciones. Menos de un minuto es suficiente.

Los oficios físicos de plomero, alicatador, trabajos de construcción (especialmente con el uso del martillo neumático) y muchos otros, imponen restricciones y compensaciones espinales a diario. Sin embargo, la opción de poder cambiar de actividad profesional no siempre es realista.

Para este tipo de profesión traumática, es fundamental adherirse a la monitorización espinal periódica con el fin de vigilar y corregir las zonas debilitadas por tensiones repetidas.

El cuerpo tiene sus límites de resistencia y rápidamente puede imponernos un descanso brutal, utilizando su activo más poderoso: el dolor. Esta señal de alarma no debe ser ignorada.

Cruzar las piernas en posición sentada estira y estimula los ligamentos sacroilíacos, lo que hace que las articulaciones coxofemorales giren. Luego, los músculos de los glúteos se tensionan de manera aberrante, lo que provoca una inclinación de la pelvis.

Sin embargo, algunas personas cruzan las piernas constantemente. Habiendo anclado profundamente estos esquemas de compensación, ya no se sienten cómodos si no las cruzan. En este caso, cruzar las piernas alivia la presión espinal instalada.

Diariamente, creamos o anclamos esquemas de compensación existentes. No estamos informados sobre sus efectos nocivos o no tenemos otra opción. No es de extrañar entonces que el cuerpo se exprese. Su forma de señalar una disfunción será a través del dolor.

Se recomienda escuchar este dolor y no eliminarlo con analgésicos fuertes.

Respondamos nuestra pregunta: ¿por qué tengo dolor de espalda?

Entre el momento en que aparece el desequilibrio / disfunción y el momento en que el dolor se vuelve continuo, pueden pasar meses o incluso años. Un largo viaje ha llevado al cuerpo a asentarse en una disfunción duradera.

Debemos señalar también otros factores que facilitan los patrones compensatorios que conducen al dolor:

-Las caídas, incluso de carácter menor.

– Posiciones de encuadernación: en la oficina, encorvado frente al televisor, dormir boca abajo…

-Micro-traumas: practicar deporte extremo o de contacto físico duro, profesiones físicas, llevar cargas pesadas …

-La falta de actividad deportiva y los estiramientos posteriores.

-La dieta incorrecta: comida basura, carencias nutricionales, tóxicos y pesticidas.

-La contaminación.

-Estrés emocional.

Dicho todo esto, resulta más fácil entender que el dolor de espalda no es solo “algo que se atascó” que simplemente tienes que “romper” para “aflojarlo”.

Es sobre todo una educación del cuerpo hacia un nuevo equilibrio sin patrones de compensaciones neurológicos y si es necesario una corrección de las perturbaciones instaladas.

¿Cuáles son las posibles soluciones para reequilibrar el cuerpo y así permitirle encontrar patrones motores y funcionales adecuados?

Esté atento a la vida cotidiana, a nuestra postura, a nuestra posición para dormir, a la obligación de doblar las piernas para llevar una carga pesada, a evitar cruzar las piernas, a llevar al hombro un bolso pesado, al uso de un mouse ergonómico… Tampoco exceda sus límites físicos y mentales.

Una vez que estos reflejos estén anclados, la diferencia en el confort vertebral se notará.

El quiropráctico especializado en columna se ocupará de tu equilibrio.

Incluso sin sentir dolor, es recomendable controlar de forma preventiva cualquier trastorno espinal que pueda empeorar. Esto evitará la aparición de futuros dolores y actuará sobre la fisiología general a través del sistema nervioso.

Si, por el contrario, el dolor ha estado presente durante algún tiempo, el quiropráctico propondrá establecer un plan de tratamiento para modificar los esquemas de compensación no funcionales y así recuperar la estabilidad inicial para una espalda más sana e indolora.