El poder sanador de las plantas

Fuente: Blog Ravicens

El uso de plantas para cuidados curativos es muy antiguo y no es exclusivo de los seres humanos. De hecho, muchas especies animales, como los monos, utilizan plantas en su alimentación; a veces para prevenir ciertos trastornos gástricos o para tratar deficiencias o para curar heridas. El uso de la medicina herbal por parte de los humanos se desarrolló como herencia de la observación animal, posteriormente transmitida de modo oral de generación en generación por chamanes, druidas, curanderos, hueseros, brujas o boticarios.

La primera “colección”, y esa es una palabra importante, se recopila en el papiro egipcio de Ebers que data del 1500 a. C. donde se enumeran un centenar de plantas.

Luego viene la “Materia Medica” escrita por el médico griego Dioscorine en el siglo I d.C. Este libro enumera más de 600 plantas y lo más increíble es que será el libro de referencia en Europa hasta el siglo XVII.

El declive de la fitoterapia es bastante reciente porque data del siglo XIX.

De hecho, los avances de la química han permitido identificar, pero sobre todo extraer sustancias activas de las plantas, como la morfina de la adormidera o la colchicina del colchicum. En 1860, el ácido salicílico extraído del sauce blanco, se sintetizó químicamente por primera vez dando lugar a la conocida aspirina. Esta fecha marca el advenimiento de la medicina moderna tal como la conocemos hoy y el final del reinado de la medicina herbolaria o fitoterapia.

La fitoterapia se enorgullece de curar a través de plantas al igual que la yemoterapia y la aromaterapia, que pueden considerarse ramas de la fitoterapia. La gran diferencia entre las tres es la parte de la planta utilizada.

De hecho, la fitoterapia utiliza plantas maduras, es decir, adultas en su totalidad, desde las hojas hasta la raíz. Se encuentran en diferentes formas: secas en infusiones, trituradas en cápsulas o en pasta para cataplasmas.

La yemoterapia, desarrollada por el médico belga Pol Henry en 1956, utiliza los tejidos embrionarios de las plantas (yemas, brotes, raicillas, capullos, tallos jóvenes…)  con el fin de extraer de ellos toda la potencia energética de la futura planta.

Los cogollos se recogen en primavera y se maceran con una mezcla de alcohol y glicerina durante varias semanas. Este macerado de cogollos se utiliza por vía oral. Actúan en profundidad y son particularmente efectivos en condiciones crónicas en una cura de 3 semanas, por ejemplo.

En cambio, la aromaterapia consiste en usar extractos aromáticos de plantas, los aceites esenciales, para fines terapéuticos. Estos aceites se consiguen principalmente por destilación en vapor de agua y su posterior paso por un alambique.  Son sustancias muy concentradas y por tanto muy potentes que deben utilizarse siempre diluidas en otro aceite, en este caso vegetal, que funciona como portador.

Unas pocas de esencias pueden diluirse en el agua de un difusor para crear un ambiente agradable a la vez que contribuyen a purificar el ambiente. En nuestra consulta los utilizamos habitualmente para favorecer la serenidad mental y corporal, propiciando el ambiente idóneo para disfrutar de la sesión quiropráctica.