La fisiología de las emociones

Compartimos con ustedes un artículo que apareció en “Daily Life Science Blog” en 2016

El cerebro humano es un órgano extremadamente complejo. Está formado por miles de millones de células especiales llamadas neuronas y desempeña un papel vital en el control de todos los procesos de su cuerpo. El cerebro ejerce todo este control mediante un sofisticado sistema que involucra sustancias químicas llamadas neurotransmisores. Estos productos químicos actúan como mensajeros, transmitiendo información a través del cerebro y a los órganos diana.

Seguimos ajenos a muchos de los complejos procesos cerebrales que nos mantienen sanos y vivos. Casi todo lo que experimentamos, desde los sentidos hasta los pensamientos y las emociones, es el resultado directo de la manipulación química de los neurotransmisores en el cerebro. Esto es especialmente cierto en términos de química cerebral y lo que nos hace experimentar emociones y sentimientos.

En su mayor parte, creemos que tenemos el control de nuestras emociones. Ya sea euforia, tristeza, ansiedad o depresión, creemos que podemos controlar estos sentimientos relativamente bien. Pero a veces el cerebro puede engañar. A veces, una serie de procesos cerebrales complejos también pueden manipular nuestras emociones. No solo son responsables de cómo nos sentimos, también son responsables de nuestra reacción a esas emociones.

¿Cómo percibe y procesa el cerebro las emociones?

Según la psicología clásica, las emociones son una combinación de muchas cosas, incluidos los sentimientos y las acciones evocadas por esos sentimientos. Las emociones cumplen algunas funciones importantes en nuestras vidas. Por ejemplo, la emoción del miedo es muy importante y da como resultado una respuesta en la que una persona lucha activamente contra la situación o huye de la situación (huida o lucha). Asimismo, las emociones del amor son fundamentales para la reproducción y supervivencia humana.

Por lo tanto, el cerebro procesa constantemente cualquier información proporcionada (llamada estímulo) y evoca una respuesta emocional adecuada a ella. Por ejemplo, si caminas solo en un callejón oscuro, el cerebro capta este estímulo y evoca la emoción de miedo que te impulsa a correr o mantenerte concentrado. Desde un punto de vista evolutivo, todas las emociones y acciones que evocan son para la supervivencia o la procreación.

¿Cómo controla el cerebro tu estado de ánimo?

Como vimos anteriormente, el cerebro está formado por miles de millones de neuronas. Estas células procesan una asombrosa cantidad de información cada segundo. Se comunican entre sí y con otras partes del cuerpo mediante neurotransmisores.

Hay muchos neurotransmisores que ayudan a controlar y regular la función cerebral, pero los contribuyentes más importantes al estado de ánimo son la noradrenalina, la dopamina y la serotonina.

Las neuronas liberan dopamina para transmitir información relevante para la emoción de placer y recompensa. Por ejemplo, cuando haces algo que crees que es correcto, como hacer ejercicio durante una hora completa, el cerebro libera dopamina, lo que te da una sensación de placer. Del mismo modo, comer bien o incluso beber alcohol libera dopamina en tu cerebro, lo que te hace sentir bien. La dopamina te hace querer realizar las acciones que provocan su liberación en primer lugar para que puedas divertirte más y sentirte feliz.

La serotonina, por otro lado, es responsable de la memoria y la capacidad de aprender cosas nuevas. También se ha demostrado en investigaciones que ayuda a reparar y, en algunos casos, incluso a regenerar las neuronas lesionadas y dañadas. La serotonina también juega un papel esencial en la prevención de la depresión y la ansiedad.

La noradrenalina se encarga de controlar los niveles de estrés y ansiedad.

Todos estos neurotransmisores se encuentran en un delicado equilibrio en el cerebro. Si por alguna razón hay un desequilibrio en los niveles de neurotransmisores, afecta la forma en que se siente y actúa sobre las emociones de manera importante. Por ejemplo, la dopamina es responsable de hacerte sentir bien y feliz, los niveles más bajos de dopamina en tu cerebro ciertamente te harán menos feliz, tal vez incluso triste. Asimismo, la falta de serotonina es responsable de la depresión. Varios estudios clínicos en personas con depresión mayor han encontrado que las neuronas del cerebro son menos sensibles a la serotonina, lo que conduce a la depresión.

Donde dos neuronas se encuentran, existe un pequeño espacio (sinapsis) entre ellas. El impulso eléctrico que viaja a lo largo del axón de la neurona debe convertirse en una señal química para llenar este vacío. Los químicos que hacen esto se llaman neurotransmisores. Estos mensajeros químicos están involucrados en nuestras diferentes respuestas a situaciones. Sus emociones dependen de los niveles fluctuantes de neurotransmisores, que hacen que se activen diferentes partes del cerebro responsables de su estado de ánimo, o que activen partes del cerebro que desencadenan la estimulación del sistema nervioso autónomo.

Trastornos mentales y de neurotransmisores

Los neurotransmisores juegan un papel muy importante en la modulación de las emociones en el cerebro. Si los niveles de estos neurotransmisores no están equilibrados de manera óptima en el cerebro, puede provocar problemas graves. Los sentimientos de depresión, ansiedad o cambios de humor pueden atribuirse a niveles desequilibrados de neurotransmisores.

La mayoría de las terapias que se administran a las personas con estos trastornos tienen como objetivo restablecer el equilibrio en los niveles de neurotransmisores. Por ejemplo, la mayoría de los antidepresivos recetados a pacientes con depresión mayor tienen como objetivo estimular las neuronas para que liberen dopamina o serotonina. Estos medicamentos hacen esto de varias formas. Una de las formas en que funcionan es bloqueando la disipación de estos neurotransmisores, lo que hace que permanezcan en el cerebro durante períodos de tiempo más prolongados. Esto aumenta los niveles aparentes de estos neurotransmisores en el cerebro y mejora el estado de ánimo.

La anatomía de la emoción

El cerebro es un órgano grande que pesa poco menos de un kilogramo y medio. Es tan complejo en su anatomía como en su función. Varias áreas del cerebro son responsables de provocar y controlar diversas emociones. La parte más importante de su cerebro para procesar las emociones se llama sistema límbico. Está formado por muchas partes, incluidas la amígdala, el hipocampo, el tálamo y los ganglios basales. La amígdala es la parte más importante del sistema límbico que evalúa el valor emocional de la información sensorial entrante. También es el “centro del miedo” del cerebro y juega un papel crucial en el procesamiento de la respuesta a los estímulos del miedo. Numerosos estudios han demostrado que el daño a esta parte del cerebro puede suprimir por completo la percepción del miedo.

El hipotálamo, otra parte del sistema límbico, controla la respuesta involuntaria a muchas emociones. Por ejemplo, si está emocionado o ansioso, su frecuencia cardíaca está aumentando o sus palmas están sudorosas, todas estas respuestas están mediadas por el hipotálamo.

El hipocampo se encarga de evocar emociones incrustadas en determinados recuerdos. La nostalgia que sientes cuando piensas en los buenos viejos tiempos está controlada por el hipocampo. El hipocampo también es responsable de convertir los recuerdos a corto plazo en recuerdos a largo plazo.

El cerebro en su conjunto está formado por dos mitades idénticas en cada lado: la izquierda y la derecha. Es posible que haya oído hablar del cerebro derecho e izquierdo, que se refiere a estos hemisferios del cerebro. Cada una de las mitades realiza diferentes funciones y está asociada con el procesamiento de información diferente. Por ejemplo, el lado izquierdo de tu cerebro se encarga de sacar conclusiones más literales como el significado de las palabras o una fórmula matemática, mientras que el lado derecho es más creativo y trata de forma menos concreta.

Como las dos partes trabajan al unísono, las emociones están bastante bien controladas. Si vamos a generalizar y recordar que se trata de una simplificación excesiva, el hemisferio derecho identifica un estímulo y el cerebro izquierdo interpreta su significado. El sistema funciona perfectamente porque las tareas de recepción e interpretación están claramente designadas. Sin embargo, a veces, si uno de los hemisferios no puede realizar su función, los resultados pueden ser muy destructivos. Por ejemplo, si no hay un cerebro izquierdo para interpretar las emociones, el cerebro derecho se verá abrumado por muchos estímulos emocionales y no sabrá qué hacer.

Existe una gran cantidad de evidencia científica sobre el efecto del daño en cualquiera de los hemisferios. Los pacientes con daño cerebral izquierdo son más propensos a la depresión y tienen tendencias suicidas. Su cerebro derecho está inundado de negatividad y no tienen la función del cerebro izquierdo.

Nota del editor: esta distinción tiene más matices de lo que se indica en este artículo. Sin embargo, estas especificidades pueden existir y las alteraciones también pueden ser funcionales sin ser patológicas. Esto se ve en niños con discapacidades del desarrollo como TDAH y Asperger o en personas que han sufrido conmociones cerebrales, niños con problemas de conducta, etc.

La memoria también juega un papel importante en la percepción de las emociones

Como todos hemos experimentado, algunos recuerdos traen una sensación de alegría y otros causan dolor. Estos recuerdos, cuando se despiertan, pueden hacer que el sistema límbico los perciba como estímulos emocionales y el resultado sea la precipitación de una emoción.

Como hemos visto anteriormente, los recuerdos a corto plazo se transforman en recuerdos a largo plazo en el hipocampo que luego son evocados debido a ciertos estímulos visuales o auditivos.

Muchos psicólogos han utilizado con éxito este sistema para tratar a pacientes con depresión grave. Si puede evocar una buena memoria en un individuo deprimido, puede conducir a la liberación de dopamina y serotonina y beneficiar al paciente. Cada uno de nosotros intenta esto en su propio nivel. Si se siente decepcionado, mirar fotos de sus seres queridos y revivir ciertos recuerdos puede ayudarlo a mejorar su estado de ánimo de manera espectacular.

¿Cómo podemos influir en los neurotransmisores?

Esta parte no es parte del artículo de DailylifeScience sino del equipo editorial.

Digámoslo de inmediato: no tiene sentido tomar neurotransmisores disponibles comercialmente para mejorar su nivel de neurotransmisores en el cerebro. ¡Los neurotransmisores no atraviesan la barrera hematoma-cefálica! Esta es la barrera que separa el torrente sanguíneo y el sistema nervioso central. ¡Entonces no puede tomar serotonina para mejorar su estado de ánimo o GABA para relajarse! A menos que… precisamente la barrera hemato-cefálica esté comprometida. Si una persona toma cápsulas de GABA y se siente tranquila y relajada, esto es más una indicación de un problema con la barrera hematoencefálica que de la efectividad de las cápsulas. Es en estas personas que las dietas sin gluten y sin lácteos pueden tener un efecto beneficioso. Porque el gluten tampoco debe atravesar la barrera hemato-cefálica, y es cuando la barrera se ve comprometida (por ejemplo: en niños con TDA / TDAH, autismo, aspersión, etc.) que la ingesta de Gluten es un problema.

Entonces, ¿qué pasa si no puede tomar cápsulas de neurotransmisores?

De hecho, el cerebro produce neurotransmisores a partir de subproductos que se encuentran en nuestra dieta. De ahí la importancia de una dieta variada, especialmente en niños con discapacidades del desarrollo y personas con conmoción cerebral o accidente cerebrovascular, etc. proporcionar el stock necesario para la fabricación de neurotransmisores en el cerebro.

La estimulación del sistema (ejercicios, rehabilitación específica, oxigenación, etc.) también es importante en la producción de neurotransmisores y la recuperación del sistema nervioso.